La iniciativa aborda una cadena de valor especialmente fragmentada -miles de intervenciones dispersas y empresas de tamaños muy dispares- y sitúa el pasaporte digital de producto en el centro de sus primeros casos de uso
Salamanca, 28 de agosto 2026.- Compartir datos entre empresas es una decisión incómoda: hacerlo obliga a ceder información que se percibe como estratégica, y no hacerlo deja fuera del alcance mejoras que ninguna compañía puede lograr sola. DriveMatrix nace para resolver esa tensión. Es un espacio de datos que permite a las empresas de una misma cadena de valor intercambiar información bajo reglas claras, manteniendo el control sobre qué se comparte, con quién y para qué.
Qué es un espacio de datos
No es una base de datos común ni una plataforma donde volcar información: es un acuerdo entre organizaciones —técnico, legal y de gobernanza a la vez— que permite compartir datos sin centralizarlos. Cada participante conserva los suyos donde están y decide, mediante políticas explícitas, quién accede, en qué condiciones y con qué finalidad. Lo que se comparte no es el control del dato, sino su uso. Ese principio, la soberanía del dato, es uno de los pilares de la estrategia europea de datos y ha dado lugar a arquitecturas de referencia como Gaia-X e IDSA.
Qué diferencia a DriveMatrix
Un neumático es un producto engañosamente simple que pasa por muchísimas manos: fabricante, importador, distribuidor, taller, flota, conductor, gestor de residuos, valorizador. Y su mantenimiento es molecular —una rotación aquí, un equilibrado allá, una sustitución en una nave a doscientos kilómetros—, miles de intervenciones pequeñas, frecuentes y dispersas que hoy se registran de maneras incompatibles entre sí, cuando se registran. No existe un punto natural en el que toda esa información se consolide.
A eso se suma una asimetría poco habitual: en la misma cadena conviven fabricantes multinacionales con sistemas de gestión sofisticados y talleres de dos personas que trabajan con herramientas mínimas. Imponer un formato único desde arriba, que es lo que funciona en sectores más concentrados, aquí no funciona. DriveMatrix está diseñado precisamente para admitir esa desigualdad: cada participante se incorpora con el nivel de madurez digital que tiene, sin rehacer sus sistemas, y el espacio se encarga de que la información resulte comprensible para los demás. Ese es el problema difícil, y es el que el proyecto ha decidido abordar de frente.
El valor está en la red, y la red está en el tejido
Un espacio de datos con un solo participante no vale nada; con dos, vale poco. Su utilidad crece de forma acelerada con cada incorporación, porque un nuevo miembro no solo aporta sus datos, sino las combinaciones posibles con los de todos los demás. De ahí que el activo determinante no sea el software, sino el tejido empresarial que lo sostiene: la confianza acumulada y la costumbre de trabajar juntas son lo que permite que un espacio de datos pase del diseño a la operación. Esto pesa especialmente sobre las empresas pequeñas, que acceden por esta vía a una capacidad de información y de análisis hoy reservada a las grandes corporaciones.
Qué aporta a quien participa
Conviene decirlo con claridad: nadie está obligado a estas transacciones. No hay ninguna norma que imponga compartir esta información con el resto de la cadena, y el espacio de datos no funciona por obligación, sino porque compensa participar. Lo que aporta es criterio para decidir. Saber qué ocurre con el producto una vez sale del perímetro propio, con qué ritmo se consume, cómo se comporta en uso real y en qué punto de la cadena se encuentra en cada momento permite tomar decisiones —de compra, de reposición, de precio, de servicio— sobre información y no sobre intuición.
De ahí se deriva lo demás. Una empresa pequeña con acceso a información agregada compite en un plano más parecido al de una grande, lo que convierte al espacio en un mecanismo de nivelación. Y los patrones que solo emergen al juntar datos de varios eslabones —cambios de demanda, comportamiento de producto, desplazamientos del mercado— permiten anticiparse a movimientos que, mirando solo los datos propios, se ven cuando ya han ocurrido. A ello se añade que nuevas normativas europeas irán exigiendo que buena parte de esa información exista y esté estructurada: quien llegue con ese trabajo hecho llegará en mejores condiciones que quien tenga que improvisarlo.
Para Eduardo Salazar, Director General del Grupo, la relevancia de DriveMatrix consiste en la puesta en valor de los datos generados en cada negocio. “En la actualidad, cualquier operación genera datos que, anonimizados y agregados, pueden tener un valor muy importante para otros miembros del sector. Creemos que la economía del dato crecerá en los próximos años, de ahí nuestro compromiso en poner en marcha herramientas que la favorezcan”.
Sobre DriveMatrix
Espacio de datos federado promovido por Andrés Grupo Empresarial, S.L., con una arquitectura apoyada en los estándares europeos de espacios de datos y en las recomendaciones del Data Spaces Support Centre. Integra marco de gobernanza, marco legal de adhesión y un catálogo de productos de datos abierto a nuevos participantes. Cuenta con el apoyo de agentes de toda la cadena de valor del neumático.
www.drivematrix.es.
Sobre Grupo Andrés
Con más de 40 años de experiencia en el sector, GRUPO ANDRÉS es el distribuidor global de neumáticos y productos para el sector de la automoción de la península ibérica. Sus productos se exportan a más de 57 países. Su capacidad de almacenaje con sus casi 75.000 m2 equivalentes repartidos entre Salamanca, Barcelona, Madrid, Sevilla y Álava le permiten entregar en el día en casi el 70% del territorio nacional y en 24h el resto, convirtiéndose en la opción más completa para sus más de 40.000 clientes. En 2025, logró una facturación global superior a 420 M € superando, por primera vez, los 400 M € en su división de neumáticos colocándose en el primer puesto de las empresas salmantinas y en el puesto 21 del total de Castilla y León. Además, sigue creciendo fuertemente en las áreas de negocio tecnológicas y logísticas.
Los inicios de Grupo Andrés se remontan a 1980 como empresa familiar. Actualmente, la dirección ejecutiva ya está en manos de la segunda generación, sus hijos Javier Andrés e Iván Andrés, como consejeros delegados y Eduardo Salazar como director general, responsables del actual crecimiento, despliegue y diversificación de negocio de la compañía.



